Extractos del libro « Historia política de la Iglesia Católica », por Horacio Verbitsky, Sudamericana, Buenos Aires, 2008.

 

Tomo II: La violencia evangélica », pp. 184-189.

En enero de 1964 un grupo criticó por escrito la falta de proximidad y diálogo entre el obispo [de Córdoba, Monseñor Castellano] y sus presbíteros que reclamaba el Concilio. El nuncio le recomendó a Angelelli que actuara como nexo entre el clero y Castellano. Pero el arzobispo consideró el documento como una infidelidad y Angelelli defendió a sus autores. Dos meses después, Dellaferrera y los presbíteros Eric Vaudagna y Jose Oreste Gaido se pronunciaron en reportajes periodísticos por una iglesia pobre y evangélica y en favor del plan de lucha de la CGT. Cada uno firmó un texto, pero la elaboración fue colectiva, con otros profesores del Seminario y curas de la Arquidiócesis.

Mientras Castellano y los colegios católicos preparaban una movilización contra el gobierno del radical Justo Páez Molina por los cambios anunciados en la ley de enseñanza privada, el vicerrector Dellaferrera dijo que la libertad de enseñanza era una hipocresía porque sólo beneficiaba a los privilegiados, y las inversiones edilicias de los colegios católicos “una bofetada que suena a sacrilegio en el rostro de los pobres”. Vaudagna agregó que se quería usar a la Iglesia para detener las reformas sociales mediante una presentación “falsa e interesada” de los valores religiosos […]

Virulentas manifestaciones en demanda de la renuncia y excomunión del gobernador recién electo ocuparon las plazas de la Ciudad con imágenes de dragones rampantes y caballeros medievales […]

Para Castellano el gobierno violaba la libertad religiosa […]

El Episcopado vio gérmenes de destrucción y desorden en la ley. El cardenal primado Caggiano afirmó que como administrador de los dineros del pueblo el Estado debía respetar “los anhelos de la mayoría » y que “si falta Dios falta todo”. La Comisión Permanente del Episcopado llevó sus reclamos a Illia. El acto programado en la catedral cordobesa contra la ley educativa se convirtió en una muestra de adhesión al arzobispo. Los curas críticos obtuvieron el apoyo de veintiocho sacerdotes y del Seminario. Castellano les recriminó falta de lealtad y obediencia y dijo que la renovación no importaba un cambio total y revolucionario. Angelelli defendió la seriedad intelectual, moral y espiritual de sus sacerdotes: no habían incurrido en cisma, herejía, desobediencia ni rebelión […]

——————

Tomo III: Vigilia de armas pp. 165-169; 278-279.

Desde marzo de 1961, Angelelli había sido obispo auxiliar de Córdoba y en julio de 1968 Pablo VI lo designó al frente de la diócesis riojana, donde anuncio que se preocuparía “por el hombre que tiene hambre, que le falta salud, que no tiene trabajo”, por un pueblo “que se siente engañado y frustrado” […]

En la Pascua de 1969 propuso salir de los templos a la realidad riojana después de la Eucaristía, sin ataduras ni silencios cómplices con el poder. Invitó a personas no eclesiales y hasta a no creyentes a la Semana Diocesana, cuyo Documento Final elaborado por medio centenar de curas y monjas y un centenar y medio de laicos dijo que la injusticia y la violencia constituían “un pecado institucionalizado”.

Esto le valió las primeras acusaciones de preferir a comunistas y ateos sobre los católicos. El documento proclamó que la tierra tiene que ser para quien la trabaje. Mientras muchos de sus colegas se espantaron por el Cordobazo Angelelli lo llamó grito de rebeldía de la juventud y la clase obrera y le dio una interpretación profética: “Las fogatas de la destrucción » habían encendido una luz que iluminaba “el compromiso para que nadie muriera de hambre ni fuera excluido” […]

En 1970 Angelelli polemizó con el interventor federal Guillermo Iribarren, quien lo llamó resentido por enumerar miserias sin aportar soluciones. Iribarren planteaba la eterna alianza de poderes contra “la subversión izquierdista” cuyas intenciones creía “fatales para la cristiandad y para la Iglesia”. Un gobernante tradicional trataba de explicarle a un obispo renovador cual era la conveniencia de la Iglesia.

En ese momento aparecieron los primeros manifestantes de Tradición, Familia y Propiedad que acusaron al obispo de comunista. Sin prestarles por entonces mayor atención, Angelelli propuso una reforma agraria, la creacion de comunidades de base como agentes de cambio y de cooperativas de producción y consumo. En enero de 1971 Angelelli hizo la primera mención pública a los ataques que recibía de TFP y en marzo lo planteó en la Comisión Permanente del Episcopado. Dijo que los obispos estaban muy solos frente al avance del poder y mencionó los agresivos informes de los servicios de informaciones. Con un dejo de ironía, el obispo de Jujuy, José Miguel Medina, le replicó que hay informes secretos muy exactos y que sería bueno que los obispos se informaran bien antes de “defender casos que luego resultan indefendibles”.  [El Cardenal] Aramburu propuso solicitar al gobierno que cuando tuviera informes comprometedores para personas del clero los comunicara a la jerarquía y [el Arzobispo] Tortolo pidió que esas comunicaciones fueran escritas para que quedara constancia […]

Los sacerdotes Henry Praolini Colombo y Antonio Gill fueron detenidos el 24 de agosto de 1972. La policía riojana decía que habían realizado una práctica de tiro en un monte y enterrado una caja con panfletos del ERP: cartuchos de gelamón y detonadores. Angelelli acusó a los servicios de información de manejar datos falsos y exigió que no fueran torturados. Sus reproches alcanzaron a otros obispos: “Si hubiéramos asumido como cuerpo episcopal todo lo que debimos asumir no haría falta el movimiento del Tercer Mundo. […] Hay una psicosis promovida por el miedo. Decir Tercer Mundo hoy en el país, es poco menos que sacar a1 diablo del infierno; decir Tercer Mundo es decir marxismo, subversión, etc.”

Uno de esos obispos era el de San Luis, Rodolfo Laise. Durante unas jornadas sacerdotales promovió un documento cuyas conclusiones leyó el teólogo Estanislao Karlic: “Todo intento de democratizar -en plano de igualdad absoluta- al obispo y al presbítero será ir contra la misma institución divina de la Iglesia, que es jerárquica”.

Era inevitable que esto se reflejara en las deliberaciones episcopales. Durante una reunión de la Comisión Permanente, Angelelli discutió con Tortolo sobre las implicaciones catequistas para niños y las verdades de la fe. También chocaron respecto de la jurisdicción castrense. […]

Una semana antes del regreso de Perón, en una pequeña población andina se produjo un episodio que sintetiza la situación de antagonismos en la Iglesia, en el peronismo y en el país. Una de las cooperativas creadas por iniciativa del obispo riojano Angelelli solicitaba la expropiación de un latifundio ocioso que consumía el 70 por ciento del agua de la zona conocida como la Costa. La intervención federal expropió el latifundio pero lo ofreció en venta en parcelas individuales, desdeñando cualquier proyecto cooperativo, “que solo existen en Rusia, Cuba y China”. Durante una visita canónica de Angelelli a un colegio religioso un grupo de padres opuestos a la pastoral diocesana, junto con un sacerdote que había renunciado como secretario del Obispado por diferencias con su línea, lo insultaron y le exigieron que se retirara. Así comenzó a gastarse una Cruzada Renovadora de la Cristiandad que, como su nombre lo indica, solo aceptaba los postulados integristas.

Durante la campaña electoral de 1973, un hermano del ex interventor federal Eduardo Menem presentó su candidatura a la gobernación riojana. Carlos Saúl Menem prometió que de ser electo entregaría el latifundio a la cooperativa y lo reiteró luego de asumir la gobernación. También restituyó la transmisión radial de las misas de Angelelli. El obispo se confió y el 13 de junio de 1973 viajó acompañado por diez sacerdotes y cinco religiosas para presidir las fiestas patronales de San Antonio en el pueblito natal de los Menem, Anillaco. Un grupo de comerciantes y terratenientes, entre ellos el hermano del gobernador, Amado. y sus sobrinos Cesar y Manuel Menem, repudiaron por altoparlantes el propósito de Angelelli de reemplazar al viejo párroco Virgilio Ferreira por dos sacerdotes capuchinos, declararon a Anillaco Capital de la Fe y, ante la pasividad policial, irrumpieron por la fuerza en el templo y la casa parroquial. Cuando Angelelli se retiró luego de suspender las celebraciones religiosas, lo corrieron a pedradas.

Los sacerdotes riojanos habían pedido la excomunión de los tres Menem y sus acompañantes, pero Angelelli prefirió una sanción menos drástica y al día siguiente del regreso definitivo de Perón a la Argentina declaró a trece de los responsables “incursos en entredicho personal”, lo cual los privaba en forma temporaria de asistir a celebraciones religiosas y recibir los sacramentos pero sin llegar a la excomunión. Atribuyó la agresión a un grupo que ejerce el poder en forma injusta y violenta para mantener sus privilegios y por eso se opone a la obra de promoción humana y cultural de los más pobres y oprimidos. Mencionó como adversarios del Concilio Vaticano II a los grupos Cruzada Renovadora de la Cristiandad y Tradición, Familia y Propiedad. También dispuso suspender las ceremonias litúrgico-sacramentales en todos los templos de la parroquia, que quedarían abiertos para que el pueblo pudiera pedir perdón y solicitar la conversión de quienes ofendieron a Dios. Dos semanas después, en otro pueblo vecino de la Costa, un movimiento similar asaltó y destrozó la casa y el oratorio de las monjas enviadas por Angelelli y ocupó la sede de la cooperativa. Arguyendo la intranquilidad social promovida por sus familiares, el gobernador Menem retiró su apoyo a la cooperativización del latifundio y la Legislatura decidió venderlo en parcelas, tal como había dispuesto la intervención militar.

Fuente: http://www.quenotelacuenten.org/wp-content/uploads/2018/10/Extractos-del-libro-de-Verbitsky-sobre-Angelelli.pdf

Catégories : Sin categoría

Laisser un commentaire

Votre adresse de messagerie ne sera pas publiée. Les champs obligatoires sont indiqués avec *